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Expectativas y resentimiento

Es frecuente que cuando alguien no cumple con lo prometido o con nuestras expectativas, la culpemos por lo acontecido y no queramos perdonarlo. Además, si la persona no se hace responsable de lo ocurrido, probablemente sentiremos que hemos sido víctimas de una injusticia y  así justificaremos nuestro resentimiento hacia ella.

Es muy posible que no nos demos cuenta que al estar  resentidos nos ponemos en una posición de dependencia y por tanto de “esclavos” de esta persona.  El resentimiento nos hace esclavos de la persona a la que culpamos y socava nuestra felicidad y libertad.

Es por esto que al perdonar, se dice, que nos liberamos del otro y por tanto es un acto de liberación personal. Al perdonar nos liberamos de la sutil “cadena” que nos une al otro y así ponemos termino a una situación que nos generaba intranquilidad.

 

Marisol Navarro

¿Expectativa o compromiso?

Veo con frecuencia en las sesiones, y en mi vida en particular, que solemos movernos en las expectativas y confundirlas con los compromisos.

Las expectativas son la esperanza de realizar o conseguir cosas  pero  con la particularidad de que a veces no se ha expresado. Es decir, eso que esperamos del otro no se lo hemos comunicado  de una forma  abierta y directa.

En el ámbito laboral encuentro frecuentemente directivos frustrados con sus equipos  a los que no les han comunicado clara y directamente lo que esperaban de ellos. Igual en el ámbito personal: parejas, padres, etc.

Hay varios motivos por los que a veces no expresamos abiertamente la petición:

  • una de ellas suele ser la obviedad.  Para nosotros es claro cierto comportamiento, acción, etc., en el otro y no pensamos que el otro pueda tener una visión distinta. En estos casos  solemos responsabilizar al otro de no realizar lo esperado.
  • otra motivo de no hacer la petición de forma abierta y directa es evitar el posible no a nuestra petición.
  • y la tercera suele ser peticiones indirectas, del tipo: “¡que cansada me encuentro!” o “¡ que bien me vendría un paseo!”. Ninguna de estas son peticiones claras por mucho que pensemos que a buen entendedor con pocas palabras basta.

El problema es que cuando no hacemos la petición de forma clara y directa hay mucha probabilidad de que esta necesidad no sea satisfecha y aparezcan  resentimientos.

Marisol Navarro
 

De monstruos y expectativas.

Rafael Argulloll en un artículo en El País hablaba de “monstruos” con clara referencia a los miedos que cada uno tiene metidos dentro y que le impiden actuar y desarrollarse como persona.

Comentando este texto con mis alumnos de Sociología y en respuesta a la pregunta de cual era su monstruo particular, uno de ellos me contestó que su monstruo particular  era “no cumplir sus expectativas”. ¿Cómo puede un muchacho de 17 años tener pánico a no conseguir alcanzar las expectativas que se ha propuesto?. Nosotros los padres, los adultos, en definitiva, ¿qué les estamos exigiendo? ¿Qué tipo de sociedad estamos creando para que un muy buen alumno – tiene media de sobresaliente- tenga miedo a no cumplir sus expectativas? Por otra parte,  estas expectativas  son solamente suyas? ¿O de su entorno familiar?

Como profesora,  tutora i coach de adolescentes, recuerdo muy bien aquella vez que un padre le decía apenado y dolido a su mujer “estoy realmente decepcionado con mis hijos. Ninguno de ellos ha cumplido  mis expectativas”. ! Qué tristeza  en los ojos de la madre!…y qué pena sentí por sus hijos! ¡Cuánto bien les habría hecho a todos unas sesiones de coaching!

En realidad las preguntas que desde el coaching  educativo  podríamos hacer a los padres son: ¿Qué esperas de tu hijo?, ¿Cuáles son tus expectativas?. ¿Se lo has dicho?, ¿Le has preguntado cuáles son sus expectativas?,…

Todos tenemos nuestro propio monstruo con el que lidiar y aquí es donde el coaching tiene mucho que aportar.  Pero no dejemos que nuestros hijos vean un “monstruo” cuando se planteen estudios y opciones profesionales, hablemos con ellos, acompañémosles en su toma de decisiones, confiemos en ello,…El coaching nos va ser muy útil  en este acompañamiento.

Carme Pampalona.