¿Soy lo que hago?

Me encuentro muy a menudo que las personas nos identificamos con lo que hacemos , y me incluyo en esto. Nuestro ser y hacer están íntimamente ligados e incluso a veces con un matiz de inamovilidad. De esta forma entramos en el circulo de hacer y hacer esperando ser valorados por los demás así como el constante reconocimiento del otro. Además normalmente esto conlleva que cualquier fallo lo vivamos como un fracaso a nivel personal…..¿Cómo voy  a aceptar y digerir mis errores ?? ¿Soy yo el culpable o es él?? o ¿Cómo me puede decir este que tengo algo que  mejorar  o cambiar? Dentro del coaching hablamos de exigencia, donde lo importante es el  objetivo más que el camino.

Por otro lado, dentro de la excelencia, los errores forman parte del aprendizaje e incluso pueden ser oportunidades para desarrollar nuevas habilidades, mejorar y aprender de lo realizado hasta el momento. Desde esta perspectiva es mucho más fácil intentar nuevas cosas y arriesgar, no esta en juego nuestra “identidad” ni nuestro “fracaso personal”. Desde esta perspectiva el feedback se acepta mucho mejor, uno esta dispuesto y abierto a mejorar y aprender.  Se ven los “errores” nuestros y de los demás como algo que forma parte del proceso.  El camino en sí es más importante que la meta.   Aquí hay diferencia entre lo que hago y  lo que soy  y lo que puedo llegar a ser.

Abraham Lincoln decía:

“Mi única política es dar lo mejor de mi todos y cada uno de los días”

Marisol Navarro

 

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“Yo esperaba, yo creía que…. “

Estos días le he estado dando algunas vueltas al concepto de expectativas, a esa sensación que te invade cuando las cosas no salen cómo tú deseas, cuando esperas de los demás algo que no llega, cuando quieres que las cosas salgan de una determinada manera  pero no haces nada para que eso cambie.

Y  que las expectativas, sólo son eso, la esperanza de conseguir algo, el deseo que se produzca un resultado pero sin que hagamos nada para que eso suceda, alejándonos inevitablemente  de la acción , esperando a que nos llegue lo que anhelamos si hacer nada para conseguirlo, esperando que nos toque la lotería sin jugar…

Existen, a mi entender  dos importantes razones por las que nos acomodamos en el mundo de las expectativas; una de ellas es la obviedad  y otra es la incapacidad que tenemos de expresar de forma abierta y sincera  aquello que queremos de los demás.

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Para mí la obviedad es tener claro cómo son las cosas desde nuestra perspectiva particular, desde nuestro mundo, creyendo que las personas de nuestro alrededor  tienen la misma visión que nosotros. ¿Y qué sucede cuando no sucede lo que esperamos?  Pues que nos llega ese maldito sentimiento llamado frustración. Y es entonces cuando nos entra el “bajón”, el “mal rollo”, el enfado y la desesperación y tendemos a responsabilizar al otro de su falta de compromiso o si poca diligencia en lugar de asumir que nuestra expectativa no fue satisfecha porque nosotros no hemos hecho ninguna petición  directa al respecto.

Otra variable que a mi entender nos hace mantenernos en el ambiguo mundo de las expectativas es no hacer una demanda de petición clara y directa de lo que queremos o esperamos de los demás. En una expectativa no existe ningún tipo de conversación entre dos personas, solo hay demasiados  “yo espero”, “yo creía que…”,” yo daba por hecho que pasaría….”

Así que después de dar muchas vueltas a mi cabeza, y cuando digo muchas es muchas 🙂 , he llegado a una conclusión: que a partir de ahora voy a dejar de lado mis muchas expectativas, voy a ser más abierta y franca a la hora de demandar lo que deseo o quiero de los demás y no voy a dar por hecho cosas- palabras – deseos que sólo son justamente eso, deseos, esperanzas y sueños que tan solo están en mi cabeza.

Y espero (¡no  es un expectativa  que conste!) que en mi próximo post, eso sí, ya después de mis ansiadas vacaciones, os pueda explicar mis avances, mis logros en mi lucha particular contra mis expectativas! 🙂

Mònica Pérez

Gota Malaya

“Si lo tenemos claro y somos perseverantes nada se nos puede resistir”.

Esta frase puede tener una lectura diferente de lo que pretende comunicar. Podríamos estar hablando de tozudez en el sentido negativo del término? Podría entenderse como repetir conductas aunque no lleguemos  nunca al objetivo?

Con una perspectiva positiva interpreto el “si lo tenemos claro” como algo que conecta con mi pasión, como aquel objetivo donde se sincroniza cerebro, emoción y plan de acción.

Para mi ser perseverante es no perder el foco principal, pero ser capaz de cambiar y de adaptarme a nuevos retos y encontrar caminos que nos lleven de manera diferente a donde queremos llegar.

Como padres nos convertimos muchas veces en gotas malayas de cero efectividad. Provocamos justo el efecto contario.

Todos queremos ser felices y lo más importante es que cada uno encuentre su cómo.

Maria Jesús Ruiz

¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

 “ En cierta ocasión, un hombre llegó a un campo de leñadores en la montaña, con el propósito de obtener trabajo.

Durante su primer día trabajo duramente y como resultado taló muchísimos árboles. El segundo día, trabajó tanto o más que el primero, pero su producción fue casi la mitad que el primer día.

Al tercer día, se empeñó en mejorar la producción. Golpeó con furia el hacha contra los árboles, pero sus resultados fueron nulos. Al ver el capataz el escaso rendimiento del joven leñador, le pregunto:

– ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

El joven respondió:

– Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado demasiado ocupado cortando árboles!”

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El otro día por casualidad encontré este pequeño cuento…y pensé: cuantas veces me he encontrado en esta misma situación, en la que el leñador por mucho que trabaja y trabaja no obtiene el resultado que espera. Y es que  llega un momento, en el que alzas la vista y te das cuenta que te ha atrapado la rutina, que  te has convertido en un autómata que hace las cosas sin pensar, sin una dirección concreta y sin el resultado que deseas obtener.

 Y te das cuenta además que no te sientes bien con lo que haces, que estas “intentando talar árboles” sin llegar a talarlos…. Y es cuando también, te das cuenta, que tienes que hacer un cambio, quizás el hacha con el que estás intentando talar no sirve, quizás necesites buscar otra herramienta o puede que simplemente tengas que buscar otra manera de enfocar tu vida, tu trabajo, tu mundo….

Así que no está de más que de vez en cuando nos dediquemos a parar y a pensar si nuestra hacha está bien afilada…

Mònica Pérez

Que necesita un emprendedor??

Esta muy de moda hablar de emprender, de ser emprendedor/a.

Veo en los procesos  que hago con los jóvenes que uno de los  aspectos que les preocupa es la parte de riesgo,  que conlleva un miedo,  en empezar algo nuevo. En coaching decimos que salir de la zona de confort no es fácil.

Muchas veces me pregunto que “cualidades” hay que tener para que un negocio te vaya bien, te funcione y observo que es una pregunta que se hace la mayoría de la gente que emprende un negocio. Oigo a menudo la palabra “suerte”  relacionado con los negocios y yo me pregunto si la suerte es algo casual o causal.

En mi opinión la suerte es causal .

Jean-Claude Biver, ex-CEO Hublot Genève explica los cinco aspectos, que según él, debe tener un emprendedor.

Para él los cinco puntos son:

  • Pasión,
  • Visión,
  • Coraje,
  • Comportamiento ético y
  • Suerte

Os dejo el video donde explica esto y el significado para él de la “suerte”:

  video Jean Claude

Marisol Navarro

¡¡Liderar!!

En tiempos revueltos como los nuestros las palabras líder, liderazgo, liderar son pronunciadas con cierta añoranza.

Y  es que hoy en día todos en algún momento del día tenemos que ejercer de “líder” ya sea de nuestra casa, familia, hijos, clase, empresa, grupo de amigos…El problema es cómo hacerlo, ¿cómo liderar aquellos espacios dónde somos los líderes?.

Daniel Coleman, archiconocido  creador de la inteligencia emocional, en su nuevo libro  “Liderazgo” nos habla de seis estilos de liderazgo.

Estilo autoritario. Potencia al máximo el compromiso con los objetivos y la estrategia de la empresa. Enmarca las tareas individuales en una visión global  y marca unos niveles de calidad que giran en torno a esa visión.  Todo el mundo tiene claro  los niveles que hay que alcanzar para conseguir el éxito y las recompensas que comporta.

Estilo coach. Ayudan a sus subordinados a identificar sus puntos fuertes y débiles y los vinculan a sus aspiraciones personales y profesionales.

Estilo conciliador.  Se centra en la gente: valora a los individuos y sus emociones por encima de las tareas y los objetivos. Busca que los trabajadores estén contentos y exista armonía entre ellos. Su forma de gestionar consiste en crear fuertes vínculos emocionales y luego recoger los frutos de ese planteamiento, en concreto una enorme lealtad.

Estilo democrático.  Permite que los trabajadores den su opinión sobre decisiones que afectan a sus objetivos y a su forma de proceder. Fomenta  la flexibilidad y la responsabilidad. Al escuchar las preocupaciones de los demás descubre qué hacer para mantener alta la moral.

Estilo ejemplarizante.  El líder establece unos niveles de rendimiento altísimos y los ilustra personalmente: demuestra una obsesión por hacer las cosas mejor y más rápido y pide lo mismo de todos los que le rodean. Enseguida identifica a quienes rinden poco y les exige más. Si no se ponen a la altura necesaria, los sustituye por alguien que sí sea capaz de ello.

Estilo coercitivo. El líder toma decisiones de una manera totalmente vertical.

Todos los estilos tienen también sus contras. Es por ello que Coleman nos dice que un buen líder necesita emplear muchos estilos. Los que dominan cuatro o más (en especial el autoritario, el democrático, el conciliador, y el coach) logran el mejor clima laboral y el mejor rendimiento. Los jefes más eficientes cambian con flexibilidad entre estilos de liderazgo según sea necesario.

Carme Pampalona.

Encierra tus miedos y abre tus sueños

La comodidad y el confort, incluso en situaciones muy desagradables, nos limitan para enfrentar miedos y tomar decisiones.

Situaciones que nos parecen aberrantes desde fuera, como el maltrato asumido por la victima que se considera en parte culpable, por no enfrentar la dureza que implica el cambio.  El sometimiento a situaciones de stress, vejaciones de todo tipo entre familiares,  entre compañeros de trabajo o de instituto nos parecen intolerables y no sabemos si las vivimos de cerca que hacer o como actuar.

Hay una premisa inicial,  dar el respaldo a la persona que está sufriendo para que mejore su autoestima y consiga el valor necesario para romper con la realidad no deseada pero si conocida.

Sin llegar a estos extremos, a todos en mayor o menor medida nos asusta el cambio y en muchas ocasiones nos excusamos en nuestras limitaciones para no enfrentarlos. En realidad lo conocido nos es cómodo aunque no sea  ni bueno ni positivo ni nos aporte nada.  El ser humano se mueve bien en la rutina, esta aporta seguridad a corto plazo.

En teoría, todos aspiramos a ser felices. Esta debería ser nuestra principal preocupación. Para estar satisfechos  con nosotros mismos lo que mejor funciona es marcarse objetivos y conseguirlos. Si por miedo encierras tus sueños como vas a ser feliz???

Mi receta: empieza por objetivos pequeños, demuéstrate que consigues lo que quieras si le pones ganas  y ves creciendo en tus sueños. Genera tu visión, imagínate donde  y como quieres estar el próximo año y traza tu hoja de ruta. Llegaras donde tú te propongas y te pararas cuando dejes de andar porque la comodidad te ha hecho notar que te duelen los pies.

Maria Jesús Ruiz