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Trabajo en equipo

Tras muchos años de experiencia con directivos, no hay mas merito que la edad, nunca me he encontrado con alguien que me diga que no sabe trabajar en equipo o que no le gusta trabajar en equipo.

La  verdad no me lo creo, trabajar en equipo es complicado y requiere esfuerzo así como determinadas habilidades. Se suele confundir con trabajar con gente  o hacerlo en grupo, os señalo algunas de las aptitudes que considero necesarias:

  • Renunciar al individualismo
  • Renunciar al medallismo
  • Escuchar y atender las necesidades del otro
  • Preguntar a los integrantes del equipo para conocer expectativas y desarrollo de la tarea/función.
  • Ser generoso y paciente.
  • ETC.

No veo que estas sean características generalizables a muchos directivos y no existe una relación real entre personas que dicen que trabajan en equipo bien y que a su vez son buenos en las habilidades señaladas.

El esfuerzo vale la pena, los resultados de un buen trabajo en equipo son imparables, inmejorables y sostenibles en el tiempo.

Os recomiendo la visualización del video. Muy bonito

Maria Jesús Ruiz

Hábitos Saludables.

 

Cada principio de año, después de los excesos navideños, nos planteamos cambiar o mejorar en determinados hábitos. Hacer régimen, dejar de fumar, ir al gimnasio etc.

Por experiencias vividas, ajenas y propias, he constatado que normalmente insistimos en esquemas mentales condenados al fracaso. Pensamos en lo difícil que será conseguir nuestro objetivo, lo que nos va a costar, visualizamos todas las “pegas” que vamos a encontrar antes de iniciar el proceso. Tipo: tengo poca voluntad, no soy metódico, no es el momento mas oportuno etc.

Os propongo un cambio para ayudaros a conseguir aquello que queráis hacer. Focalizaros en los beneficios, olvidaros de las dificultades previas y concentraros en lo que os aportara de positivo. Situaros mentalmente en la situación de objetivo conseguido, visualizaros ahí y poner en valor las ventajas asociadas.

No es lo mismo pensar en lo que me cuesta ir al gimnasio y la pereza que me da, que situarme mentalmente en lo bien que me siento después de haber hecho ejercicio. Reforzaros mentalmente a través de este estado anímico.

No es lo mismo pensar en la angustia que voy a vivir al dejar de fumar, que visualizarme como ex fumador sin tos, subiendo una rampa sin ahogarme, sin la necesidad de salir a la calle después de una buena cena etc..

No es lo mismo estar pensando todo el día sobre lo que puedo o no puedo comer, que visualizarme dentro de aquellos pantalones que no me cabían.

Uno hace lo que realmente quiere hacer si se compromete a ello. Lo que funciona es el refuerzo positivo a través de pequeños logros y no el cargarte la mochila de ideas que nos llevan al desanimo antes de empezar.

Márcate objetivos, tu mente te ayudará a conseguir todo lo que realmente quieras. Suprime el socorrido “voy a intentarlo” por “quiero conseguirlo”

María Jesús .Ruiz

 

Y llegó el verano

Llegó el verano y con él las vacaciones. Tiempos de reflexión y de reencuentros, tiempo  para descubrir otros paisajes y otras gentes.  Tiempo, en definitiva de parar el ritmo cotidiano,  dedicarse a uno mismo, y  mirar do otra manera, sin prisa, descubriendo aquellas pequeñas cosas que los trasiegos diarios nos impiden ver… Tiempo  para libros.

Semana-Santa-de-sol-y-playa

Estos  días casi todos los suplementos culturales de los periódicos nos han hecho sus recomendaciones.  Permitirme que, siguiendo su ejemplo, acabemos este curso dándoos la nuestra. Ahí va:

Si queremos parar y dedicar-nos a nosotros mismos, unas buenas compañías pueden ser:

  • Ahora yo. Mario Alonso Puig.
  • Toma un café contigo mismo. Walter Dresel.

Si lo que nos apetece es olvidarnos de todo y que la lectura nos lleve la mente con misterios por resolver.

  • El caso de  Harry Quebert. Joël Dicker.
  • Perdida. G. Flynn
  • El conde de Montecristo. F. Dumas.

Si nos gusta el cine y la literatura “de toda la vida” , ¿Por qué no leer/releer las últimas versiones cinematográficas?.

  • Anna Karenina. L. Tolstoi.
  • El gran Gatsby . Scott Fitzgerald.
  • Yo y tú. Martin Buber
  • Hanna Arend. (biografía).  E. Young-Bruehi

Si queremos aprovechar las vacaciones para  conocer un poco más nuestra historia y , de paso,  comprender nuestro presente:

  • Postguerra.  Una historia de Europa desde 1945. Tony Judt..

Y si lo que nos interesa es  poner-nos al día de los últimos descubrimientos sobre el cerebro:

  • El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos. Daniel Coleman.

Buenas vacaciones

Carme Pampalona.

“Yo esperaba, yo creía que…. “

Estos días le he estado dando algunas vueltas al concepto de expectativas, a esa sensación que te invade cuando las cosas no salen cómo tú deseas, cuando esperas de los demás algo que no llega, cuando quieres que las cosas salgan de una determinada manera  pero no haces nada para que eso cambie.

Y  que las expectativas, sólo son eso, la esperanza de conseguir algo, el deseo que se produzca un resultado pero sin que hagamos nada para que eso suceda, alejándonos inevitablemente  de la acción , esperando a que nos llegue lo que anhelamos si hacer nada para conseguirlo, esperando que nos toque la lotería sin jugar…

Existen, a mi entender  dos importantes razones por las que nos acomodamos en el mundo de las expectativas; una de ellas es la obviedad  y otra es la incapacidad que tenemos de expresar de forma abierta y sincera  aquello que queremos de los demás.

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Para mí la obviedad es tener claro cómo son las cosas desde nuestra perspectiva particular, desde nuestro mundo, creyendo que las personas de nuestro alrededor  tienen la misma visión que nosotros. ¿Y qué sucede cuando no sucede lo que esperamos?  Pues que nos llega ese maldito sentimiento llamado frustración. Y es entonces cuando nos entra el “bajón”, el “mal rollo”, el enfado y la desesperación y tendemos a responsabilizar al otro de su falta de compromiso o si poca diligencia en lugar de asumir que nuestra expectativa no fue satisfecha porque nosotros no hemos hecho ninguna petición  directa al respecto.

Otra variable que a mi entender nos hace mantenernos en el ambiguo mundo de las expectativas es no hacer una demanda de petición clara y directa de lo que queremos o esperamos de los demás. En una expectativa no existe ningún tipo de conversación entre dos personas, solo hay demasiados  “yo espero”, “yo creía que…”,” yo daba por hecho que pasaría….”

Así que después de dar muchas vueltas a mi cabeza, y cuando digo muchas es muchas 🙂 , he llegado a una conclusión: que a partir de ahora voy a dejar de lado mis muchas expectativas, voy a ser más abierta y franca a la hora de demandar lo que deseo o quiero de los demás y no voy a dar por hecho cosas- palabras – deseos que sólo son justamente eso, deseos, esperanzas y sueños que tan solo están en mi cabeza.

Y espero (¡no  es un expectativa  que conste!) que en mi próximo post, eso sí, ya después de mis ansiadas vacaciones, os pueda explicar mis avances, mis logros en mi lucha particular contra mis expectativas! 🙂

Mònica Pérez

Gota Malaya

“Si lo tenemos claro y somos perseverantes nada se nos puede resistir”.

Esta frase puede tener una lectura diferente de lo que pretende comunicar. Podríamos estar hablando de tozudez en el sentido negativo del término? Podría entenderse como repetir conductas aunque no lleguemos  nunca al objetivo?

Con una perspectiva positiva interpreto el “si lo tenemos claro” como algo que conecta con mi pasión, como aquel objetivo donde se sincroniza cerebro, emoción y plan de acción.

Para mi ser perseverante es no perder el foco principal, pero ser capaz de cambiar y de adaptarme a nuevos retos y encontrar caminos que nos lleven de manera diferente a donde queremos llegar.

Como padres nos convertimos muchas veces en gotas malayas de cero efectividad. Provocamos justo el efecto contario.

Todos queremos ser felices y lo más importante es que cada uno encuentre su cómo.

Maria Jesús Ruiz

¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

 “ En cierta ocasión, un hombre llegó a un campo de leñadores en la montaña, con el propósito de obtener trabajo.

Durante su primer día trabajo duramente y como resultado taló muchísimos árboles. El segundo día, trabajó tanto o más que el primero, pero su producción fue casi la mitad que el primer día.

Al tercer día, se empeñó en mejorar la producción. Golpeó con furia el hacha contra los árboles, pero sus resultados fueron nulos. Al ver el capataz el escaso rendimiento del joven leñador, le pregunto:

– ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

El joven respondió:

– Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado demasiado ocupado cortando árboles!”

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El otro día por casualidad encontré este pequeño cuento…y pensé: cuantas veces me he encontrado en esta misma situación, en la que el leñador por mucho que trabaja y trabaja no obtiene el resultado que espera. Y es que  llega un momento, en el que alzas la vista y te das cuenta que te ha atrapado la rutina, que  te has convertido en un autómata que hace las cosas sin pensar, sin una dirección concreta y sin el resultado que deseas obtener.

 Y te das cuenta además que no te sientes bien con lo que haces, que estas “intentando talar árboles” sin llegar a talarlos…. Y es cuando también, te das cuenta, que tienes que hacer un cambio, quizás el hacha con el que estás intentando talar no sirve, quizás necesites buscar otra herramienta o puede que simplemente tengas que buscar otra manera de enfocar tu vida, tu trabajo, tu mundo….

Así que no está de más que de vez en cuando nos dediquemos a parar y a pensar si nuestra hacha está bien afilada…

Mònica Pérez

¡¡Liderar!!

En tiempos revueltos como los nuestros las palabras líder, liderazgo, liderar son pronunciadas con cierta añoranza.

Y  es que hoy en día todos en algún momento del día tenemos que ejercer de “líder” ya sea de nuestra casa, familia, hijos, clase, empresa, grupo de amigos…El problema es cómo hacerlo, ¿cómo liderar aquellos espacios dónde somos los líderes?.

Daniel Coleman, archiconocido  creador de la inteligencia emocional, en su nuevo libro  “Liderazgo” nos habla de seis estilos de liderazgo.

Estilo autoritario. Potencia al máximo el compromiso con los objetivos y la estrategia de la empresa. Enmarca las tareas individuales en una visión global  y marca unos niveles de calidad que giran en torno a esa visión.  Todo el mundo tiene claro  los niveles que hay que alcanzar para conseguir el éxito y las recompensas que comporta.

Estilo coach. Ayudan a sus subordinados a identificar sus puntos fuertes y débiles y los vinculan a sus aspiraciones personales y profesionales.

Estilo conciliador.  Se centra en la gente: valora a los individuos y sus emociones por encima de las tareas y los objetivos. Busca que los trabajadores estén contentos y exista armonía entre ellos. Su forma de gestionar consiste en crear fuertes vínculos emocionales y luego recoger los frutos de ese planteamiento, en concreto una enorme lealtad.

Estilo democrático.  Permite que los trabajadores den su opinión sobre decisiones que afectan a sus objetivos y a su forma de proceder. Fomenta  la flexibilidad y la responsabilidad. Al escuchar las preocupaciones de los demás descubre qué hacer para mantener alta la moral.

Estilo ejemplarizante.  El líder establece unos niveles de rendimiento altísimos y los ilustra personalmente: demuestra una obsesión por hacer las cosas mejor y más rápido y pide lo mismo de todos los que le rodean. Enseguida identifica a quienes rinden poco y les exige más. Si no se ponen a la altura necesaria, los sustituye por alguien que sí sea capaz de ello.

Estilo coercitivo. El líder toma decisiones de una manera totalmente vertical.

Todos los estilos tienen también sus contras. Es por ello que Coleman nos dice que un buen líder necesita emplear muchos estilos. Los que dominan cuatro o más (en especial el autoritario, el democrático, el conciliador, y el coach) logran el mejor clima laboral y el mejor rendimiento. Los jefes más eficientes cambian con flexibilidad entre estilos de liderazgo según sea necesario.

Carme Pampalona.